martes, 16 de octubre de 2018

Basta para mi

Conocí muchos infirnos, propios y ajenos, los recorrí una y otra vez, lo hacía hasta por gusto. Bordeaba los extremos con la necesidad de conocerme más y hasta dónde era capaz de llegar. Nunca tuve miedo. Hasta ahora.
El corazón se me frenó, no me importa si me cree. Aunque si me importa porque es la única persona que lo sabe y es la persona que más amo. Pero yo no se como ponerlo en palabras para que se tome en serio. El corazón se me frenó, lo sentí. Primero iba a mil, se me salía del pecho y de repente, fue un segundo dónde sentí como mi pecho se congeló, la presión, el dolor, el ardor subiendo por la garganta hasta la lengua. Sentí la necesidad de acostarme. Tenia terror de no poder frenar todo eso. Me costaba respirar, el corazón volvía a ir a mil. Quería dormir, sentía un cansancio extremo pero tenia miedo de cerrar los ojos y no despertarme más. Quería ir al médico pero no quería contar qué había consumido. Seguía concentrada en no dormirme y en respirar. Por primera vez en mi vida tuve que pensar en respirar, porque si dejaba de pensar, no seguía respirando.
Pasaron horas, dormí, me desperté con el pecho cerrado, me daba miedo usar el broncodilatador porque me da taquicardia y sentia mi corazon agotado.
Lo siento agotado. Tanto como mi cuerpo. Un cansancio que no conocía. Una falta de fuerza total. Me cuesta hasta mover un brazo. El corazón sigue ahí, bombeando pero resentido, me presiona el pecho si intento hacer lo que hago un día normal. La respiración va lenta y no llego a llenar los pulmones que algo ya me pega un tirón y me dice, hasta acá, no más.
Y yo también pienso, hasta acá, no más.
Fue un segundo. Y no me quiero morir.

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